20 de marzo de 2014

Los tres estados del aprendizaje de la pintura:



Cuando por primera vez surge en nosotros la inquietud por aprender a dibujar o pintar, se siente un regocijo y a la vez un sentimiento de incertidumbre sobre si alguna vez podremos lograr lo que hace nuestro profesor, entramos en una primera etapa de descubrimiento de los materiales y las técnicas, no esforzamos por hacer todos nuestros dibujos o pinturas aplicado los conceptos recibidos de nuestro mentor, es la etapa de tratar, de hacer lo correcto y estudiar todas las reglas básicas.

En la segunda etapa de nuestro aprendizaje, nos damos cuenta que muchas cosas se nos hacen más fáciles, comenzamos a ver o captar mejor las luces, sombras y colores. La ejecución técnica de nuestras obras mejora muchísimo y empezamos a lanzarnos a copiar las obras de grandes maestros. El objetivo de copiar debe ser: además de probar lo que aprendimos, descubrir como lo hizo ese artista, adentrarnos en su forma de ver, de pensar y de ver el mundo. Asimismo siempre es bueno contar con diferentes profesores no porque el que tengamos no sea bueno, sino para evitar contaminarnos con el estilo de un sólo artista.

Ya finalmente, nuestro último estado es la redención, donde todo lo aprendido se decanta, surge la búsqueda de la síntesis, la organización de lo aprendido y el surgimiento de nuestro propio estilo que no puede ser enseñado, ni aprendido y que va estar directamente influido por nuestra forma de ser, nuestro espíritu y personalidad. A partir de aquí la pintura se convierte en ámbito abierto a la insondable creación.